Historia

1830 “El Mallorquín”

A mediados del siglo XIX, un navío español, atravesaba el Atlántico a vapor. Su nombre era “el Mallorquín” y lo capitaneaba D. Juan Suau y Bennaser. Además de sus funciones de comandante de “el Mallorquín”, Juan Suau era un inquieto comerciante que montó en Cuba un negocio de anisados y otros producctos tipicos del Caribe incluyendo, por supuesto, el ron, para cuya destilación exportó a Cuba media docena de alambiques de cobre comunes en el siglo XIX.

Cuando el capitán Suau inició su aventura, del inmenso imperio español solo quedaban dos territorios, ambos en el Caribe… Puerto Rico y Cuba. Aun así extendio sus travesias hasta Veracruz,Buenos Aires, Montevideo, Santo Domingo y Haiti, ademas de sus singladuras en el Mediterraneo y el Atlántico continental europeo.

En una de sus recaladas en Mallorca se enamoró de la hija de un mallorquín vinculado quizás, desde dos o tres siglos antes, al negocio de los licores tanto en España como en América. Los papás de “la pretendida” no pusieron obstáculos al amor naciente, pero para consumarlo en el  Sacramento del Matrimonio  exigieron dos cosas al capitán Suau: que abandonase su barco y sus negocios ultramarinos pues no querían tan lejos a su única descendiente. Desde un punto de vista tanto humano como histórico no parece ilógica ni la exigencia de la familia de la novia ni la decisión de Suau de aceptarla.

En la antigua Cuba, allá por los años 1830 ya se habían levantado voces que pedían la independencia, primero con reverentes súplicas a la Corona y después con pólvora y balas.

1850 Anís “La Paloma”

A mediados del siglo XIX, un navío español, atravesaba el Atlántico a vapor. Su nombre era “el Mallorquín” y lo capitaneaba D. Juan Suau y Bennaser. Además de sus funciones de comandante de “el Mallorquín”, Juan Suau era un inquieto comerciante que montó en Cuba un negocio de anisados y otros producctos tipicos del Caribe incluyendo, por supuesto, el ron, para cuya destilación exportó a Cuba media docena de alambiques de cobre comunes en el siglo XIX.

Cuando el capitán Suau inició su aventura, del inmenso imperio español solo quedaban dos territorios, ambos en el Caribe… Puerto Rico y Cuba. Aun así extendio sus travesias hasta Veracruz,Buenos Aires, Montevideo, Santo Domingo y Haiti, ademas de sus singladuras en el Mediterraneo y el Atlántico continental europeo.

En una de sus recaladas en Mallorca se enamoró de la hija de un mallorquín vinculado quizás, desde dos o tres siglos antes, al negocio de los licores tanto en España como en América. Los papás de “la pretendida” no pusieron obstáculos al amor naciente, pero para consumarlo en el  Sacramento del Matrimonio  exigieron dos cosas al capitán Suau: que abandonase su barco y sus negocios ultramarinos pues no querían tan lejos a su única descendiente. Desde un punto de vista tanto humano como histórico no parece ilógica ni la exigencia de la familia de la novia ni la decisión de Suau de aceptarla.

En la antigua Cuba, allá por los años 1830 ya se habían levantado voces que pedían la independencia, primero con reverentes súplicas a la Corona y después con pólvora y balas.

1851  Época de Brandys

A ello nos movió la calidad del brandy y el calor y entusiasmo con el que era recibido en todas partes.

El brandy tiene su pequeña historia:  Antes de la marca 1851, llevábamos años fabricando brandys diferentes como el “Madelón” “Jaime I”, “1229” (hoy día muy buscados por los coleccionistas).

En el año 1951, conmemorando nuestros cien años mallorquines y conocedores de la gran calidad de nuestros brandys, pusimos en el mercado el comúnmente conocido como “El barquito”, no sin antes experimentarlo y asegurando su calidad en pruebas que duraron años y que hoy nos permiten asegurar que nuestro brandy, Reserva Privada de esta casa, no inferior a cincuenta años ha llegado a ser como una marca de mallorquinidad en la que nuestro velero sigue alargando sus singladuras como una señal de supervivencia y de voluntad de ser un aliento de nuestra tierra y nuestro mar en otros mares y en otras tierras. Y no solo es nuestra Reserva Privada la estrella sino que los dos anteriores, cuyas soleras son de 25 y de 15 años no le andan a la zaga.

Es de destacar que nuestro proceso de fabricación es puramente artesanal. Así pues seguimos con nuestras barricas y cada año se renuevan aquellas que ya han cumplido su ciclo pues tenemos bien asumido que nuestra calidad descansa en el tiempo, el silencio, en el microclima de nuestras bodegas  subterráneas acorazadas por un muro de un metro y ochenta centímetros intraspasable por los olores y los ruidos. Nuestro brandy, espíritu puro, se rebulle en su sepulcro pétreo y a medialuz, para resucitar alegre cuando le llega el turno.

1989 Club Suau

A nuestro técnico, Angel Zuasti, desafortunadamente jubilado, debemos la idea de la fundación de nuestro Club Suau.

Fue un atisbo brillante que nos ha dado óptimos frutos. Conociendo la valía de nuestro producto no dudó en lanzar la idea de crear un club privado que lo llamamos de “Amigos de Suau”.

Cada uno de ellos compra una barrica de 32 litros de capacidad. Solamente nosotros y él con  nosotros podemos manipularla. El brandy es suyo pero se queda en nuestras bodegas pudiendo el socio sacar 8 botellas al año y ni una más si quiere que ostente nuestra marca.

En 10 años el club llegó a vender 200 barricas y en los últimos dos años se han vendido 125 más. Suau se encarga de reponer el brandy que se pierde en el proceso de evaporación, para que siempre siga con su lento proceso de envejecimiento.

Quién compró una barrica hace 10 años, llena de un brandy de 15 años, hoy tiene una brandy de más de 25 años y de una calidad extraordinaria ya que la proporción de liquido en contacto con el roble es mayor que con barricas grandes.

El Club ha constituido para la empresa no solo un caudal importante para su financiación sino, sobretodo, ha forjado una hermandad que solo debatimos la bondad de la mercancía y ser un socio de la casa. La fiesta anual lo proclama.

La empresa ha establecido un “numerus clausus”. El Club nunca excederá de los 500 socios. Y siempre tendrán con nuestro aprecio, nuestra gratitud.

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